21 de febrero: Día Internacional de la Lengua Materna

El reconocimiento y respeto a la diversidad cultural de México debe ser un valor esencial para fomentar la comunicación entre nuestros pueblos y nuestras lenguas, como expresión de la sabiduría ancestral; raíz y sustento del patrimonio nacional y vínculo para construir una cultura a favor de la paz mundial. En este contexto internacional y ante la necesidad de crear un dispositivo a favor de la protección de las lenguas, en 1996 la UNESCO emitió la “Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos”. Entre las sugerencias más importantes destaca que los Estados miembros deberán propiciar un ambiente social favorable a la reproducción de la diversidad lingüística y cultural. “Esta declaración se basa en el principio de que los derechos de todas las comunidades lingüísticas son iguales e independientes de la consideración jurídica o política de las lenguas oficiales, regionales o minoritarias”. EL IDIOMA YAQUI Ubicación lingüística El idioma yaqui pertenece a la familia lingüística yutoazteca, al igual que la mayoría de las lenguas indígenas que se hablan en el occidente y noroeste de México, como son: cora, huichol, tepehuano del sur y del norte, pima y tohono o’odham, conocido también como pápago. A esta misma familia pertenecen el náhuatl, el comanche y el hopi, entre otros. Sin embargo, la mayor cercanía lingüística del yaqui es con el tarahumara, el guarijío y el mayo, por lo que juntos forman el grupo taracahita, perteneciente a la rama sonorense de la sub-familia sureña, de la familia yutoazteca. Con el mayo guarda una relación muy particular debido a su estrecho parentesco. Es más, son tan cercanas esas variedades que en algún momento se les incluye como una lengua, llamada en estos casos cahita. Lo cierto es que los hablantes de yaqui y mayo pueden llegar a entenderse entre sí utilizando cada uno su propia variedad, en la medida en que son pocas las diferencias lingüísticas entre ellas. Aun así, dado que los procesos históricos de cada grupo étnico han sido hasta cierto punto diferentes, sus hablantes reconocen a su propia variedad como distinta, por lo que en este caso se les conoce como lenguas históricas (1). En tal situación las pequeñas diferencias son fundamentales para que se mencione a éstas como lenguas y no como dialectos, estos últimos conocidos como variedades regionales de un idioma. Entre esas disimilitudes está la propia denominación para la lengua. Mientras los yaquis designan a su lengua jíak nokki, los mayos utilizan el término yorem nokia. Otro de los rasgos que distingue al yaqui del mayo es que en ciertos casos la r intermedia se mantiene en mayo pero desaparece en yaqui, como en las palabras para la autodesignación de cada grupo: yoreme se autonombran los mayos y yoeme los yaquis. Así, en la lista de vocablos con este cambio consonántico están: bueno “tu’uri” en mayo y “tu’i” en yaqui, “triste” “siroka” en mayo y “sioka” en yaqui, pero no para casa, que en ambos casos es “kari”. Tales distinciones han permitido a los hablantes de yaqui y mayo referirse a cada variedad como una lengua distinta, aunque en realidad sus diferencias no son tan marcadas y la posibilidad de entenderse es muy alta, a partir de que su estructura lingüística es básicamente la misma. (1) Moctezuma, José Luis y Gerardo López. (1991) “El yaqui y el mayo como lenguas históricas.” Noroeste de México No. 10:79-84. Topónimos. Los nombres de lugar en lengua yaqui (como de otras lenguas del noroeste de México) han trascendido hasta ser parte importante de la nomenclatura en el ámbito regional. En la mayoría de los casos el nombre de los lugares tiene que ver con elementos naturales, pero en algunos momentos se han establecido a partir de los procesos históricos en los que algunos personajes del grupo étnico han pasado a formar parte del imaginario colectivo. Ese es el caso del nombre Cajeme “el que no bebe agua o aguanta mucho sin beber agua”. A raíz de su participación en las luchas entre yaquis y quienes han intentado despojarlos de su territorio ancestral, su nombre pasó a formar parte de la historia local y en principio tuvo su nombre la localidad que en la actualidad se llama Ciudad Obregón. Por un tiempo la localidad tuvo el título de Cajeme, pero el poco interés que se tiene hacia los grupos étnicos de la región trajo consigo un cambio en la nomenclatura del lugar. Sin embargo, el municipio en donde se encuentra ubicada esta ciudad mantuvo el nombre de Cajeme, en el cual, a su vez, se encuentra localizado uno de los ocho pueblos tradicionales: Loma de Guamúchil, tradicionalmente como el pueblo de Cócorit, “donde hay chile o lugar de chiles”. Otro pueblo yaqui (ubicado entre Vícam pueblo y San Ignacio Rio Muerto) que tiene nombre de uno más de los personajes de las llamadas guerras yaquis es Tetabiate, “piedra que rueda”. Su liderazgo fue y es reconocido por toda la comunidad yoeme, por lo que su nombre forma parte de la historia real y mítica del grupo indígena. De esta manera los yoemem y los yoris han rendido tributo a algunas de las figuras relevantes de la resistencia yaqui. Los pueblos de Vícam “punta de flecha”, Pótam “montoncito de tierra echo por un topo”, Tórim “ratas de campo”, Bácum “agua estancada”, Ráhum “algo que se desprende” o “ebullición”, Huírivis “tipo de pájaro llamado guitacoche” y Belem “cuesta abajo” no sólo son reconocidos como los 8 pueblos tradicionales de los yaquis, también son conocidos por la mayoría de los sonorenses, al menos por el nombre aunado a que en distintas ciudades de nuestro estado les han colocado el nombre a calles de algunas colonias. A su vez, la sierra del Bacatebe /carrizo largo/ es otro de los lugares que van más allá de la denominación en la lengua indígena, ya que representa uno de los lugares míticos de la étnia. Paradójicamente, una comunidad que no alberga a los miembros del grupo étnico lleva su nombre: Pueblo Yaqui, ubicado en lo que actualmente se conoce como el valle del Yaqui. Tetakawi “cerro de piedra” es un punto muy conocido porque marca uno de los límites del territorio yaqui, sin embargo erróneamente ha sido traducido como tetas de cabra. Préstamos lingüísticos Los estrechos contactos entre mestizos y yoemem dio como resultado préstamos lingüísticos entre las lenguas yaqui y español, aunque, por las características de la relación entre ambas, es la lengua indígena quien ha recibido más préstamos del español. Poco después de la llegada de los primeros jesuitas a los valles comenzó una integración de términos castellanos a las lenguas indígenas. El yaqui se ha caracterizado por ser una lengua muy propensa a los préstamos, algunos de los cuales son tan antiguos que ya no se usan en el español contemporáneo. Tal es el caso de los términos para dinero o violín. El primero es tomi, que viene de la palabra tomín, una moneda de plata de la época de la colonia, mientras el segundo es laaben, que viene del vocablo ravel, instrumento de cuerdas de esa época. Además, los españoles trajeron consigo hablantes de náhuatl en su colonización del noroeste de México, lo cual provocó a su vez que algunas palabras de esa lengua hablada en el centro y sur de México quedaran registradas en el vocabulario yaqui, como los términos para iglesia y tortilla, que pasaron de teoopan a tiopo y de tlašcalli a táska’i. Entre otras muchas palabras prestadas tenemos vaca, wakas, que también se utiliza para nombrar la carne; trigo, tiikom y plato puaato. Por su parte el español recibió también algunos préstamos aunque en mucho menor cantidad. Sin embargo, es notoria la presencia de las lenguas indígenas en la variedad del español hablado en Sonora, sobre todo de las lenguas cahítas, como son el yaqui y el mayo. Como ejemplo están las palabras sibori (renacuajo), si’ibori; chuqui (muy bueno), chuki; huicha (espina), witcha. Esta palabra algunas veces se usa para referirse a alguien muy delgado. Desplazamiento y mantenimiento de la lengua yaqui frente al español Desde los primeros contactos con los europeos, se dejó sentir el conflicto entre las lenguas yaqui y español. A pesar de que por mucho tiempo la lengua indígena tuvo mucha mayor presencia, poco a poco la lengua hispana iba ganando terreno, sobre todo en aquellos aspectos en donde sus hablantes tenían mayor control de la situación. En ese proceso la infinidad de préstamos da pistas del tremendo impacto que tuvo el castellano sobre el yaqui, incluso ya desde los primeros contactos. Sin embargo, quienes hablaban la lengua indígena mantuvieron una lealtad a su lengua materna que permitió trasmitirla de generación en generación hasta nuestros días. Este no fue el caso de la mayoría de las lenguas cahitas y de otros idiomas nativos de la región. Varias lenguas apenas y sobrevivieron los primeros embates de los españoles, mientras que algunas de ellas se fueron perdiendo durante la colonia o el México independiente. Tal fue la situación de variedades muy emparentadas al yaqui, como el tehueco (del que se tiene conocimiento porque un padre de la Compañía de Jesús hizo una gramática y un vocabulario) (2), zuaque y sinaloa, o de lenguas pertenecientes a la misma familia lingüística, como el ópata o el eudeve. Por su parte el mayo fue la otra lengua cahita que sobrevivió al embate del desplazamiento del que han sido objeto las lenguas indígenas en México, particularmente en el noroeste mexicano. (2) Buelna, Eustaquio (1989). Arte de la lengua cahita por un padre de la compañía de Jesús. México, Siglo XXI editores. (Primera edición 1890). Los hablantes de lengua yaqui se han caracterizado por tener un fuerte sentido de lo que significa para ellos el mantener la comunicación a partir de utilizar la lengua de sus ancestros. Esto ha sido notorio a través de la historia del grupo étnico. Desde la época de la colonia los yaquis que salían a trabajar fuera de su territorio lo hacían en grupos compactos dentro de los cuales se utilizaba preferentemente la lengua indígena para comunicarse entre sí. Es más, la relación individual de los yaquis con sus comunidades ha permitido un fuerte apego al uso de la lengua materna. Aun cuando los individuos salgan a trabajar a otros lugares, la mayoría de ellos han regresado intermitentemente a sus comunidades de origen (regresan necesariamente a cumplir una manda mismas que les prometen los padres de por vida), conservando el uso de su idioma aun cuando en los lugares en donde laboren utilicen exclusivamente el español (3). Esa dinámica refuerza el uso de la lengua yaqui al seguir siendo considerada positivamente para conversar en los espacios familiares y comunitarios. Moctezuma Zamarrón, José Luis (2001). De pascolas y venados. Adaptación, cambio y persistencia de las lenguas yaqui y mayo frente al español. México, Siglo XXI editores. Los yaquis han tenido una gran capacidad para adaptarse a situaciones por demás difíciles para mantener el uso de su lengua materna. Desde el siglo XIX los yoemem han luchado por mantener sus costumbres, territorio y organización política a costa de ser perseguidos, encarcelados, deportados y asesinados. La lengua ha jugado un papel fundamental en estos largos procesos de lucha por mantener su identidad y cultura. Es así como desde la formación del estado mexicano se han tratado de implementar políticas tendientes a asimilar a los yaquis, muchas veces a través de políticas lingüísticas encaminadas a la desaparición de la lengua indígena a favor del español, ya que el uso de una lengua diferente al español ha sido visto como un obstáculo para la incorporación de los indígenas a la nación. Varios intelectuales de la época señalaban como fundamental el desuso de la lengua indígena y la implementación del español en las comunidades autóctonas, fundamentalmente a través de la escuela. A pesar de tales políticas, los yaquis se resistieron a esos cambios y mantuvieron el uso de su lengua materna, junto con muchos otros rasgos que les permitían seguir funcionando como grupo étnico. Durante la época porfirista los yaquis padecieron la peor de las persecuciones en su larga historia de lucha contra un estado que pretendía someterlos a su dominio, y por qué no, asimilarlos completamente a la órbita de la llamada nación mexicana, la cual siempre se ha caracterizado por negar un país pluricultural y multilingüe. Durante ese periodo la lengua yaqui estuvo a punto de desaparecer debido al genocidio del que fueron objeto los yaquis –y con ellos otros indígenas del estado- y las intensas campañas de deportación que dieron origen a la llamada diáspora yaqui, que los ubicó, lo mismo vendidos en los estado del sureste de México, que buscando refugio en varios lugares del estado de Sonora, así como formando comunidades en el estado de Arizona, USA (como en Pascua y Guadalupe). En ese tiempo se dieron importantes procesos para poder mantener el uso de la lengua yaqui, al mismo tiempo que ocurrían cambios fundamentales en la relación lengua indígena-español. Por un lado los yaquis se veían en la necesidad de ocultarse como tales, en cuyo caso uno de los signos más evidentes era el de hablar su lengua materna. Por tal razón muchos yoemem tuvieron que aprender el español, o en su caso utilizar con mucho mayor frecuencia la lengua oficial. También ocurrió otro cambio significativo con respecto a los apellidos. En esos momentos muchos yaquis y mayos tenían apellidos en su propia lengua, pero tuvieron que cambiarlos por términos en español para tratar de sobrevivir a la persecución de que estaban siendo objeto, no sólo en la zona yaqui, sino por todo el estado de Sonora. De esa forma modificaron el apellido de Chokki por Estrella o Jusacamea por Valenzuela. Por otro lado hubo ciertos márgenes para que los yaquis continuaran utilizando su lengua materna. Muchos de ellos se fueron a la sierra del Bacatete o cruzaron la frontera. En esos lugares mantuvieron la comunicación en yaqui. A su vez, cuando eran deportados a al sur de México se mantenían lo más posible como grupo. El alto monolingüismo imperante en ese tiempo dio como resultado que la mayoría siguiera usando su lengua materna en sus interacciones cotidianas. Muchas veces los hacendados y otros trabajadores tuvieron que recurrir a intérpretes para poder establecer comunicación con el resto del grupo. La revolución no les trajo una justicia inmediata pero les permitió mantenerse como grupo cohesionado. No fue hasta la época de Lázaro Cárdenas que los yaquis regresan a poblar parte de su territorio y con ello comienza un periodo de recomposición del grupo, en donde sus viejas tradiciones son recuperadas hasta cierta medida y el uso del idioma yaqui se hace más común al interior de los pueblos tradicionales. En esos momentos el yaqui vuelve a ser la lengua de transmisión cotidiana y los niños sólo aprenden español hasta que entran a la escuela primaria. Comunidades como Tórim casi se convierten en monolingües en yaqui después de que casi desaparecieron sus habitantes originales al transformarse, durante el porfiriato, en uno de los centros de operación del ejército mexicano, lo cual lo hizo crecer como uno de los centros de población más importantes de esa época y en donde el yaqui sólo podía hablarse en la clandestinidad por los pocos yaquis que quedaron durante ese tiempo. Con el tiempo y los cambios modernos nuevamente se da un proceso de desplazamiento del yaqui por el español con la inclusión de la escuela oficial dentro de las comunidades tradicionales, al mismo tiempo de que ocurren muchas otras dinámicas tendientes a la integración del grupo étnico a la vida nacional. Cambios como el crecimiento de las ciudades cercanas a la región del Yaqui, la conformación de una red de carreteras a lo largo y ancho del territorio tradicional que permite una mayor comunicación con el exterior y de mestizos que pasan, y algunos de ellos se quedan, en los pueblos yaquis. La incorporación de los medios masivos de comunicación en los hogares indígenas, y sobre todo la ruptura de las barreras ideológicas entre yoemem y yoris han hecho que se difunda cada vez más el uso de la lengua oficial, aun en aquellos solares más tradicionales, sobre todo en las comunidades más cercanas a Obregón. El desplazamiento gradual va de la mano con la resistencia de los yaquis en perder su lengua materna. Mientras esto sucede los yoemem tienen todavía un fuerte apego a la lengua de sus ancestros, a pesar de ser uno de los grupos étnicos con mayor grado de bilingüismo en la República Mexicana, lo que de alguna manera le permite a la lengua indígena adaptarse a los tiempos modernos. Parte del material del CD Historia y Cultura de la Tribu yaqui |Autores del CD Lic. María Trinidad Ruíz Ruíz/José Antonio Mejía Muñoz