Vertiente

Esperan, los mexicanos, la cosecha cierta y legal de las Reformas Estructurales, mismas que siguen siendo aún semilla sin frutos

Rindió su segundo informe de Gobierno el presidente Enrique Peña Nieto. Formuló una síntesis de la situación que guarda el país, en este transcurrir de su administración pública y, por supuesto, puso énfasis en las Reformas Estructurales, principalmente la Energética.

Se percibe, de acuerdo a lo expuesto por el Mandatario ante sus invitados, en su mayoría de la clase política y empresarial, quienes llenaron el patio central de Palacio Nacional (y por supuesto en transmisión por cadena mediática), que el ritmo de México es de dos tiempos y un sonido, en el pentagrama de la realidad:

Desde la perspectiva oficial se vislumbra un horizonte maravilloso de crecimiento, apuntalada esta visión, en los resultados que generen los cambios históricos impulsados por Peña Nieto.

Y desde el cristal de la gente común y corriente, de los trabajadores y sus familias, se palpa y se vive una situación económica estancada; mexicanos que ven a estas alturas, con recelo, las citadas reformas, porque las consideran aún verdaderas metáforas que reventarán en un futuro incierto, sobre todo la de hidrocarburos, sin tenerse la certeza de que resolverán los graves problemas que vive la patria, cuyos hijos anhelan salarios dignos, alimentos y servicios suficientes y accesibles en los hogares; pero mientras, a pesar del gran amor que la ciudadanía le profese a México, si no tañen las campanas de la verdad anunciada, se convertirán en premisas que ahondarán el desencanto, ese mismo que se ha venido repitiendo por largos años, más de 70, incluyendo las alternancias panistas, que ha consolidado el concepto de “dictadura perfecta” para el país, de lo que habló un día, el escritor peruano, Mario Vargas Llosa.

Ya los discursos, pese a su elaboración impecable y la forma elocuente con que se expongan, no convencen a una sociedad despierta y desencantada, la que, en esta hora, luego de largos años de sufrimiento, de profunda impotencia ante el sacrificio obligado, quiere, exige, resultados.

Y es que las familias han perdido su capacidad de asombro. Los trabajadores de salarios miserables, los que no advierten más alternativas que estar vivos al día siguiente, ven y escuchan sin compartirlo, el júbilo de la clase política, porque tienen la certeza que de esos supuestos logros en el desarrollo económico del país, ellos jamás contarán con su parte, y fundamentan la aseveración en su sabiduría ancestral, de que así ha sido siempre, porque jamás se han distribuido con equidad y justicia los bienes de la nación, los que en teoría -como se expresa en el texto constitucional-, son heredad colectiva.

No existe perversidad en el pueblo de México al no creer en las palabras de sus presidentes, sus gobernantes, sus legisladores; es la hechura del ciudadano actual construida por los malos gobiernos, por el engaño, el saqueo, el enriquecimiento ilícito y criminal de la clase política; por la abismal brecha que separa al México deslumbrante y maravilloso de quienes pueden derrochar insultantemente, de aquellos que carecen de lo elemental para sobrevivir junto con sus niños.

Las Reformas Estructurales, son, hasta el momento, semillas que no experimentan la magia de la germinación, y nadie sabe aún, si se convertirán en espigas verdaderas, dentro de la parcela colectiva del país; o fruto codiciado, en el latifundio de los poderosos.

El señor presidente Enrique Peña Nieto, está obligado a rescatar, antes que nada, la credibilidad, el alma herida, la capacidad de asombro rota del pueblo de México, con una gran Reforma Moral y de Congruencia, aplicada a la clase política y sus aliados, principalmente.

Entonces, su misión no habrá sido en vano.

Le saludo, lector.