Vertiente

Se cumplieron 107 años de la Revolución.-  Un movimiento armado que no logró la dimensión social esperada.- Perciben, los mexicanos, vientos de cambios en el país como sucedió en el 2000, aunque aquel tiempo significó un acto fallido

Hace 107 años, México inició por sed de justicia, hambre de igualdad social, el movimiento trascendente de la Revolución Mexicana.

El país se convirtió en revuelo de pólvora y herraduras. De sangre derramada que abonaba el surgimiento de un nuevo México, luego de la dictadura de Porfirio Díaz durante 34 años. Más de un millón de mexicanos, sobre todo campesinos, aportaron su esfuerzo y sus vidas anónimas con la seguridad de que el estallido violento, sería, finalmente, semilla y luz para un futuro promisorio en la patria de Hidalgo, Morelos, Juárez.

Se cumplieron ayer, pues, 107 años del inicio de uno de los pasajes más trascendentes en la historia nacional, y a estas alturas, las generaciones actuales pueden sopesar con madurez los resultados de aquellas luchas. Medir desde la perspectiva de la realidad social, si la Revolución cumplió su propósito, o fue una convulsión escindida, de la que sacaron provecho los prohombres de ese tiempo, reclamando cuotas de poder político y económico desde el núcleo de los caudillos, desde la ambición de los generales que cobraban su participación en la lucha armada, demostrando su ausencia de ideales.

Creo que la Revolución quedó trunca. Que desvío sus propósitos. Que equivocó su camino. Y que a estas alturas de la vida nacional hace falta alimentar esa llama, pero ahora con un gran movimiento pacífico, de conciencia, donde se demuestre el poder de la ciudadanía, la que posea capacidad de exigir y transformar; de construir Gobiernos que le sirvan a las grandes mayorías, donde prevalezcan, por encima de los partidos y la fría y ambiciosa clase política, los seres humanos, su huella social, su vocación para enfrentar los innegables retos de los tiempos.

Se cumplieron 107 años del inicio de una Revolución no concluida, de un movimiento que privilegió los intereses de los pocos…

Hay señales que matizan el horizonte político-electoral de México.

Se trata de signos que, en cierta forma, tienen un referente en la memoria colectiva de la ciudadanía, porque ya los vivió hace algún tiempo.

Durante la década de los 90 se conjugaron factores importantes que aceleraron la falta de confianza y el hartazgo de la gente, con un sexenio de fuertes contrastes presidido por Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), marcado, entre factores de corrupción, por la sangre derramada de integrantes de la clase política, con sello del mismo PRI, como fueron los casos de Francisco Ruiz Massieu y Luis Donaldo Colosio.

Esos graves problemas, más el desgaste económico a que fue sometido el país y que repercutió durante el sexenio de Ernesto Zedillo, prepararon el camino de un cambio en la conciencia del pueblo de México.

Las condiciones se habían configurado para que la “dictadura perfecta” rompiera sus triunfos eslabonados por 71 años, en el 2000, con el arribo de Vicente Fox Quesada, abanderado por la Alianza por el Cambio integrada por el PAN y PVEM.

A 17 años de ese suceso electoral que sacudió al país más allá de ideologías y lealtades partidarias, y que se repitió seis años después de Fox con el también panista Felipe Calderón Hinojosa, quedó claro para los mexicanos que las inercias pueden rebasarse, trazarse nuevos caminos en el devenir de la Patria, aunque las experiencias vividas en los trayectos pasados, les permite, ahora, comprender que se equivocaron en sus decisiones, porque los nuevos aires que esperaban para el país con el PAN, nunca llegaron…

Debe decirse con claridad, que hoy, miles, millones de mexicanos perciben vientos de cambios como sucedió en el 2000, situación que no deben minimizar los dirigentes de partidos, aquellos que junto con los Gobiernos emanados de sus siglas, egoístamente solo aciertan a mirarse en sus propios espejos, porque se están dando las condiciones de que los triunfos electorales del 2018 los construyan no las siglas y colores, sino los personajes, su huella social, su trascendencia en el devenir político con rostro humano, comprendiendo y atendiendo las necesidades de la grandes mayorías de mexicanos, quienes sienten en carne propia el abandono a que han sido sometidos en una paradoja cruel de gobierno rico, pueblo pobre…

Le saludo, lector.