Vertiente

Así nació este pueblo.- Cajeme, como Municipio, cumple 90 años.- En el tren, sobre rieles, llegaron las primeras luces del progreso para esta asombrosa comunidad.- Le rinden, hoy, homenaje póstumo como Ciudadano Distinguido, al sacerdote Rogelio López Román

Un viejo camino de herradura, por donde transitaban agricultores y trabajadores del campo, desde Cócorit con rumbo al Valle del Yaqui, en los albores de 1900 y antes, es el horizonte primario lleno de sol y soledades, de lo que sería, alguna vez, Cajeme.

Quizás, nadie de los que diariamente utilizaban ese rústico sendero, llegó a imaginar que las extensas llanuras que inundaban sus ojos con cielo y el perfil de la sierra al oriente, sería, alguna vez, asentamiento humano.

En los años 1906, 1907, asomaron las vías del tren, provenientes de ramales del norte, creando Estación Corral y Estación Esperanza, porque sobre rieles, en furgones movilizados por los poderosos motores de vapor del ferrocarril, llegaba el progreso, como decían los antiguos pobladores de esas latitudes.

Mi abuelo materno Nacho Habas, quien había nacido en 1900, llenaba mi imaginación de niño con sus extensas narraciones, diciéndome que a los siete años de edad, al pasar con sus padres a lomo de caballo o en carreta tirada por mulas, desde Cócorit a trabajar al Valle, veía a los obreros de la empresa Sud Pacífico extendiendo la “punta de fierro” hacia el sur. Excavando un pozo para abastecer al tren a su paso. Construyendo una casa de madera. Generando una distracción en la soledad del monte.

Hoy, al celebrar con júbilo los 90 años de Cajeme como Municipio, vislumbro que su verdadera raíz, se extiende más de 20 años atrás del momento solemne en que el entonces gobernador de Sonora, Fausto Topete Almada, decretase la Ley Número 16 (noviembre de 1927), que lo transformó de Comisaría en Municipio, cuando aún la comunidad tenía aroma rural y por su cielo límpido cruzaban miles de aves que se convertían en espectáculo natural de sus moradores.

Los viejos fundadores lo recuerdan. En sus apuntes solariegos, historiadores y cronistas como Claudio Dabdoub Sicre, Oscar Sánchez Márquez, Miguel Mexía Alvarado, Rogelio Arenas Castro, Mayo Murrieta, José Escobar Zavala, dejan testimonio de que fue en 1907, cuando debido a los planes de extensión de los ramales del Ferrocarril Sud Pacífico, se propició el nacimiento de Estación Corral y de Esperanza, perfilando diez kilómetros al sur de esta última población, un pozo que abastecería de agua a las máquinas del tren, donde se construyó también una casita de madera que cumplía como oficinas del Jefe de la Estación de Bandera, denominada Cajeme.

Cinco años después, personajes como Federico Seaman, Rodolfo Scott Tobie, y Pablo Kuraica, construyeron los cimientos de la comunidad, al abrir un embarcadero para ganado, comercios, hospederías, y expendios de bebidas e implementos de labranza, en torno a la Estación de Bandera, donde los habitantes de Cócorit, que era entonces cabecera municipal, al cruzar por la brecha de herradura hacia el Valle, se detenían para forjar sus sueños visionarios en los nacientes comercios, como me lo platicaba mi abuelo Nacho, quien ya adulto, fue mayordomo en la Hacienda La Realidad, frente al Campo 3, cuando era propiedad del norteamericano Jimmy Ryan.

Así, con el transcurrir de los años, de 1907 a 1912 y 1917, comenzaron a erigirse pequeñas casas, surgiendo los trazos de las primeras calles frente a la Estación, de tal manera que esta tierra antes inhóspita, por donde varios años atrás cruzaban, levantando polvaredas con sus caballos,  partidas de yaquis rebeldes y soldados federales en franca guerra, se convirtió en Congregación.

El crecimiento del naciente núcleo de población --establece en su libro Historia de El Valle del Yaqui, Claudio Dabdoub--, fue vertiginoso, de tal manera que en 1925 ya contaba con 450 habitantes, y se forjaban nuevos negocios como un molino para arroz, instalado por los agricultores H. F. Brunk, Jimmy y W. A. Ryan (cuyas dos hijas, ya de la tercera edad, visitaron Cajeme hace más de quince años, procedentes de Estados Unidos), bajo la razón social de “Yaqui Valley Rice Associattion”, que se convertiría posteriormente en Cía. Molinera del Río Yaqui.

Ese mismo año, como resultado del crecimiento inusitado que registraba la Congregación, se le dio nivel de Comisaría, en la que fungió como su autoridad principal Ignacio Ruiz Armenta, quien, de comisario, pasó a encabezar el Primer Ayuntamiento Constitucional  de Cajeme, por decreto de la Ley No, 16 emitida el 29 de noviembre de 1927 por el gobernador Fausto Topete Almada, llevando como regidores a Joaquín R. Ibarra, Ignacio Mondaca H., Carlos H. Mízquez, Eduardo C. Gaxiola, Francisco J. Rodríguez y Alejandro Méndez Limón (padre del ex diputado local y ex agente fiscal del Estado, Fructuoso Méndez Valenzuela, El Tocho), quienes rindieron protesta ante el diputado local Alberto J. Moreno, el 1 de enero de 1928, comisionado para tan solemne e histórica ceremonia, por  Topete Almada.

Así nació este pueblo…

Hoy, como parte del jubileo de los 90 años de Cajeme, es una tradición la entrega de la presea “Ciudadano Distinguido”, con la que se rinde homenaje a quienes han marcado con su vida y sus obras, el desarrollo de la comunidad, heredando valores, principios, su amor por la ciudad y sus habitantes con acciones legítimas y desinteresadas.

El galardón 2017, le fue concedida por una comisión evaluadora y ratificada por Cabildo, al presbítero Rogelio López Román, cuya trayectoria en beneficio de Cajeme, de sus jóvenes de ayer y de ahora, a través del arte, la cultura, la música, la trascendencia de la solidaridad humana, por medio de las misiones a la sierra, se convierten en testimonio vivo de la vocación llena de amor de un sacerdote.

En el marco de clausura del Festival Tetabiakte, sus familiares y amigos recibirán de manos del alcalde Faustino Félix Chávez y de su esposa Ena Olea de Félix, el reconocimiento para el Padre Rogelio, quien falleció el pasado 26 de septiembre.

Otros ciudadanos que se hicieron merecedores en su momento a tan especial distinción, fueron, Alejandro Méndez Limón, Ana María Olea Encinas, Claudio Dabdoub Sicre, Enrique Robinson Bours, Francisco Schwarzbeck Ramírez, doctor Oscar Russo Vogel, licenciado Eduardo Estrella Acedo, Ramón Iñiguez Franco, Raúl González Maldonado, Francisco Ramírez Ibarra, José María Sánchez Ruiz, Irma Arana Rodríguez, Zanjaya Rajaram, Adalberto Rosas López, Héctor Martínez Arteche, Leticia Ochoa Delgado, Rodolfo León Manzo, Juan Pablo Márquez Manríquez, Javier Bours Almada.

Le saludo, lector.