Vertiente

Crónicas para la historia (3).- Fue el 1 de enero de 1928 (hace 90 años), cuando rindieron protesta como integrantes del naciente Cabildo de Cajeme, Ignacio Ruiz, Joaquín Ibarra, Ignacio Mondaca, Carlos Mízquez, Eduardo C. Gaxiola, Francisco J. Rodríguez y Alejandro Méndez Limón

Con la entrada del año, se cumplieron 90 años de una ceremonia trascendente en la memoria colectiva de Cajeme: La toma de protesta -primero de enero de 1928-, al Primer Ayuntamiento, después de haber sido decretada la Ley Número 16 que erigió en Municipio Libre a la otrora Comisaria de Cajeme, un 29 de noviembre de 1927, por el gobernador Fausto Topete Almada.

Contaban viejos residentes con voces llenas de nostalgia, que hubo júbilo en el pueblo, a pesar de que un día antes –noche vieja-, los habitantes del flamante Ayuntamiento habían celebrado la despedida del año 1927 con la tradición de las cenas familiares y el arraigado vicio de disparar armas de fuego al aire a partir de las 12 de la noche, heredad de los días de la Revolución y “para correr al año viejo”, sabedores que al arribar 1928 habría formalidad oficial de las nuevas autoridades, específicamente sobre el Primer Municipio Constitucional de Cajeme.

Y ahí estaban, a las doce horas del día, reunidos en el local que albergaría al nuevo Ayuntamiento en la calle Durazno (hoy 5 de Febrero), entre Guerrero e Hidalgo, vistiendo trajes formales y portando corbatas, sabedores que dejaban caer una primer semilla que al paso de los años se convertiría en historia, Ignacio Ruiz, quien pasaba de Comisario a encabezar la naciente Comuna; asimismo Joaquín R. Ibarra, Ignacio Mondaca H. (mismo que sería alcalde en 1929 ya que los periodos se extendían por un año, siendo hasta 1933, con la administración de Manuel Escamilla que se prolongaron a dos años, y luego a tres con Heriberto Salazar en 1943), Carlos H. Mízquez, Eduardo C. Gaxiola, Francisco J. Rodríguez y Alejandro Méndez Limón, en su carácter de regidores, igualmente en el reducido recinto, el diputado por el Octavo Distrito Electoral, Alberto Moreno, comisionado por el gobernador Topete Almada para la instalación oficial del nuevo Cabildo.

Ahí, el legislador, acompañado por funcionarios gubernamentales y del parlamento local, asimismo por ciudadanos que mantenían actividad política, agrícola y empresarial en la comunidad, hizo uso de la palabra, exponiendo el objetivo de su encomienda y exaltando el rápido crecimiento de Cajeme, que ciertamente había nacido por la “punta de fierro”, es decir, las vías del ferrocarril, como Estación de Bandera (sólo para abastecer de agua a las máquinas del SudPacífico) en medio de la llanura, contrastando con el azul del cielo y la serranía al oriente.

Destacó con vehemencia (contaban los protagonistas de esa historia, como Alejandro Méndez Limón, quien fue regidor) el diputado Moreno, el respaldo otorgado por el general de mil batallas, Álvaro Obregón, quien, al entregar la Presidencia de la República, había establecido su residencia en El Náinari, y con amplia visión concebía la importancia de la región y el horizonte que se le abría en el futuro.

Hubo alegría entre los concurrentes ese día, umbral del año 1928. Y, teniendo al frente una pequeña meza de madera, con una vieja máquina de escribir Remington encima, Alberto Moreno preguntó a los nuevos Regidores: “¿Protestáis guardar y hacer guardar la Constitución General de la República, local del Estado, y las leyes que de ellas emanen y cumplir leal y patrióticamente el cargo de Regidores del Primer Municipio Autónomo Constitucional de Cajeme, que os ha sido conferido por el H. Congreso del Estado, velando en todo por el bien y prosperidad del Municipio que representan?”. Escuchándose  el “Sí, protesto”, de quienes se convertirían en el símbolo del naciente Ayuntamiento, mientras el fotógrafo oficial capturaba la imagen que trascendería a la posteridad.

“Si no lo hiciereis así, la Nación y el Estado os lo demanden –dijo Moreno, y agregó-: en nombre del Supremo Gobierno Constitucional del Estado Libre y Soberano de Sonora, declaro legalmente instalado el primer Municipio del Pueblo de Cajeme”.

Meses después, junio 31 de 1928 –comentan los historiadores como Claudio Dabdoub, en su libro Historia de El Valle del Yaqui-, a la naciente ciudad, denominada aún Cajeme, se le confirió el nombre del general Álvaro Obregón, reconociendo sus méritos como gestor ante el Gobierno Federal, la nacionalización del Valle y darle impulso y desarrollo a la cabecera municipal.