Vertiente

Acabar con la impunidad del poder.- Lo propuso, hace seis años, quien fuera diputado federal panista, Homero Niño de Rivera, pidiendo eliminación de fuero y plurinominales.- Tan romántico sueño no lo apoyaron ni en su partido, menos priístas y perredistas, porque cancelaría sus cotos políticos

Hubo una iniciativa –llamita apenas, con vocación de fogata-, que llegó a Palacio Legislativo de San Lázaro, en septiembre de 2012.

Cierto, causó durante esos días –y siempre-, escozor entre los profesionales de la política. Aquellos que cultivan tiempos, compromisos y hasta sumisiones para ocupar una curul en la Cámara Alta o Baja, sin importar si ésta fundamenta su validez a través del voto o por la vía plurinominal, que para el caso es lo mismo: Servir a los intereses de partidos, grupos, ambiciones, bajo el pretexto de defender los derechos de la ciudadanía.

La iniciativa la promovió esos días que la convirtieron en humo, el que fuera diputado federal panista por Nuevo León, Homero Niño de Rivera Vela. Se fundamentaba en la eliminación del fuero que protege a legisladores y funcionarios públicos, pero también acabar con las estructuras de representación proporcional, las pluris, pues, en ambas Cámaras.

“Si hay una vieja e insatisfecha exigencia ciudadana es, precisamente, la de terminar con la impunidad del poder, porque esa exigencia constituye el núcleo de la construcción de confianza que es consustancial a la representación política”, establecía en su exposición de motivos el legislador, defendiendo su propuesta.

 Y, junto a tal atrevimiento que se antojaba histórico, surgieron los cuestionamiento sobre si aceptarían impulsarla, por el bien de México, los mismos diputados y senadores panistas, priístas y perredistas de dicha Legislatura, como Ernesto Cordero, Emilio Gamboa Patrón, Manlio Fabio Beltrones, Ricardo Monreal, sólo por citar algunos.

Pero, lógicamente, tuvieron más peso los intereses de la clase política, que rebasaron –y siguen rebasando- siglas, ideologías y supuestas vocaciones sociales; de tal manera que el proyecto de Rivera Vela se convirtió en cenizas, antes de alumbrar.

Ciertamente, la sociedad civil preguntó, si los entonces dirigentes del PRI, César Camacho Quiroz; PAN, Gustavo Madero; PRD, Carlos Navarrete, y el mismo presidente de la República, Enrique Peña Nieto, se atreverían a dar un golpe de timón a la estructura político-electoral del país con éstos y otros cambios, tal como se propusieron -y sí lo hicieron-, encauzando las Reformas Estructurales, cuyos mágicos y publicitados beneficios aún no se reflejan para bien del pueblo de México, que sigue sobreviviendo con salarios humillantes, pagando impuestos desgastantes, cubriendo costos de servicios altísimos, sufriendo para encontrar empleo y escuchando, inevitablemente, los discursos de los mismos políticos de siempre.

Y esa ciudadanía agraviada por la clase política, cuestionó de nuevo a los actuales inquilinos del Congreso de la Unión, incitándolos a promover cambios que beneficien al pueblo de México y a la democracia, no a sus partidos, sus grupos y a la estructura de Gobierno. Pero no fueron escuchados.

Por eso, ante la próxima conformación de la siguiente Legislatura federal, los propietarios de los votos deben arrancar el compromiso a quienes harán campaña por escaños en las Cámaras Alta y Baja, de que eliminarán definitivamente el fuero y las plurinominales, pero también trabajar para hacer realidad la revocación de mandato.

Le saludo, lector.