Vertiente

El caudillismo que pretendió combatir Plutarco Elías Calles, se sigue dando, ahora bajo la figura de grupos de interés, esto es palpable.- En Sonora, prevalecen las guerras internas entre partidos por candidaturas

Los grupos políticos, sus protagonistas, no duermen. Rebasan reglas, calendarios, disposiciones. Trabajan, siempre, con tiempos adelantados.

No es verdad que los partidos a que pertenecen los notables, sean quienes decidan y den la voz de arranque en los procesos, obedeciendo normas electorales. No. Porque las siglas que supuestamente los cobija y que realmente les pertenecen como si se tratase de franquicias, viven, funcionan, trascienden bajo el control de las cofradías poderosas, de niveles municipales, estatales, nacionales.

Los grupos, pues, son los que deciden; situación que deja claro que los partidos, incluidos dirigentes y militantes, son meros instrumentos obligados a la obediencia ciega, al sometimiento definitivo.

Bajo estas premisas -que ciertamente niegan los fundamentos de la democracia-, se dan las principales luchas por el poder público entre congregaciones que operan al interior de los institutos políticos, bajo una nueva forma de caudillismo. Y, por supuesto, se vuelve evidente que a 89 años de distancia, cuando desde la cúpula del poder el sonorense Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario “para pasar de la etapa de los hombres únicos y providenciales, a la de las instituciones”, su filosofía no ha alcanzado el nivel democrático con el que soñó, porque la epidemia de los caudillos persistió y persiste, a veces en forma disfrazada; otras, definitivamente abierta y retadora, a través de las cofradías que se consideran omnipotentes.

Hoy mismo, en Sonora, es notorio que existe una lucha de grupos por colocar en la conciencia de la ciudadanía a los viables aspirantes a relevar escaños federales en el Congreso de la Unión a partir del 2018, y se identifica la forma en que, dentro del PRI, por ejemplo, desgastan la realidad de lo evidente en el caso de pretensos al Senado, intentando fabricar simpatías para quien no las tienen, y buscando disminuir a aquellos que podrían acarrearle muchos votos a José Antonio Meade, que, ciertamente, le harán falta no solo en Sonora, sino en todo el país.

Pero también esas batallas se dan en cargos locales como alcaldías y el abordaje del parlamento.

El PRD en la Entidad, no tiene mucho de dónde escoger, porque la figura de los verdaderos guerreros de izquierda quedó sepultada con la alianza PAN, MC, PRD, a cuya estructura le entregó el sol azteca decisiones y conciencia, porque, ciertamente, el otrora combativo partido fue hundido por su propia tripulación.

El PAN, vive también una situación complicada en Sonora, donde la herencia maldita de Guillermo Padrés sigue pesando y habrá de recrudecerse el recuerdo de las andanzas sexenales de él y de su grupo, durante las campañas.

Parece ser, pues, que los hombres y mujeres del poder y quienes aspiran a ese privilegio, no están tomando en cuenta que la sociedad civil, a 89 años de caudillismo abierto o disfrazado, tiene claro que es ella la principal fuerza que puede marcar el rumbo, tatuar en roca la democracia efectiva y socialmente comprometida del país, sus entidades, sus municipios.

Y podría, ahora, cuando se abre un abanico de ofertas, sin sometimiento a monederos electrónicos y no sujeta a dádivas efímeras y subyugación de fortalezas económicas y políticas, con la sencillez cívica, honesta e inteligente de sus votos, rebasar con transparencia las trampas electorales.

Le saludo, lector.