Vertiente

La ciudadanía necesita leyes con qué defenderse.- No deberá ser, jamás, rehén de representantes populares fallidos, por ello la importancia de lograr de los futuros candidatos su compromiso de impulsar la revocación de mandato

No merecen, los ciudadanos, ser rehenes de representantes populares a quienes elegirá en este proceso que asoma en el horizonte cívico de Sonora, para que se constituyan en su voz y rostro.

Se convierte en injusticia y burla, que los integrantes de la clase política desgasten y desvíen el importante quehacer de servir. Nadie olvida la forma en que se comportan durante las campañas. Solícitos, comprometiéndose a atender de forma y fondo a sus comunidades. Demostrando que para ellos, cuando el voto los favorezca el día de la jornada y lleguen a los cargos públicos, no habrá imposibles, ni fatigas, ni puertas que se cierren para cumplirle a su gente.

Es, sin duda, la faceta simpática y aparentemente humana de los candidatos, durante sus etapas de campaña. Recorren caminos y calles. Tocan puertas. Se suben a las unidades del transporte urbano. Abrazan a los niños. Regalan playeras y gorras con sus leyendas políticas. Comen en los tianguis. Van, con voluntad inquebrantable, a cerciorarse personalmente de las denuncias que hace la gente sobre espacios que representan peligro para la salud, el medio ambiente o la integridad física.

Pero esos desplantes voluntariosos y amables, se pierden en muchos de ellos, cuando logran sus propósitos electorales y pronuncian el sí protesto, para cumplir y hacer cumplir las leyes.

No regresan a sus Distritos. Se olvidan de sus promesas sociales, y lo peor, sus capacidades legislativas las ponen al servicio de sus partidos, sus grupos y, por supuesto, de sus intereses personales, porque son capaces de subastar sus votos ante iniciativas importantes, como sucedió alguna vez con Mónico Castillo, en los tiempos gubernamentales del boursismo. O, como se vivió la experiencia de la diputada perredista Hilda Alcira Chang, que apoyó el paquete de impuestos contra los sonorenses, promovido por Guillermo Padrés en el 2013. Sólo por citar dos ejemplos.

Tomando como base tales comportamientos incongruentes de quienes se comprometen a través de su discurso a servir, pero traicionando en los hechos, es preciso que la ciudadanía exija en tiempos de elecciones a los aspirantes a todos los cargos y de todos los partidos, que garanticen por escrito su decisión de promover la revocación de mandato, para que aquellos que no cumplan a su comunidad, a su tiempo y a su historia, se vayan, por ley.

Bien harían los habitantes de demarcaciones y municipios, en exigir a los postulantes de este 2018, por escrito, dos cosas: 1.- Que entreguen un compromiso firmado de que una de sus principales luchas en los parlamentos local y federal, se encaminará a promover con todo y por todo, la revocación de mandato. 2.- Que aceptan renunciar a sus cargos ante el primer asomo de que no sirven como representantes populares porque su función se vuelve decorativa, aprobando iniciativas de grupos, no las que representen beneficios sustantivos y profundos para las grandes mayorías.

Claro que sería interesante un experimento de esa categoría. Donde se compruebe que la fuerza de la sociedad también existe y sabe romper ataduras. Además, nadie duda que todos los partidos tienen en sus filas ciudadanos muy positivos, los que poseen la disposición y el compromiso histórico de hacer suya esta propuesta, pero lamentablemente los grupos de poder quieren servidores a modo y no los dejan llegar.

No sé qué pensarán al respecto, Alejandra López Noriega, PAN; Gilberto Gutiérrez Sánchez, PRI; María Dolores del Río, MC, y los demás dirigentes de partidos, incluyendo, por supuesto, a los coordinadores de fracciones parlamentarias.

Le Saludo, lector.