Vertiente

En Cajeme, la batalla es de PRI contra PRI.- Por supuesto, otros partidos y candidatos se sienten complacidos; porque sin meter las manos, les funciona el axioma “divide y vencerás”.- Emeterio y Abel en la disputa

No había, hasta ayer, información precisa sobre el candidato o candidata a la alcaldía de Cajeme, por el PRI. Sólo señales de interpretación, aportadas por el comportamiento de quienes apadrinan a los sonantes.

Y, ciertamente, de acuerdo a los rumores que dispersa el viento del invierno, la decisión del partido en el poder, apuntaba hacia Emeterio Ochoa Bazúa y Abel Murrieta Gutiérrez, pero aderezando ese trascendido con los nombres, también, de una mujer, Denisse Navarro; asimismo, alternativas emergentes en militantes como Raúl Ayala González, Omar Guillén y Juan Leyva Mendívil, aunque la encrucijada del priísmo tiene núcleo en Emeterio y Abel.

La diferencia entre ambos probables contendientes, son los años. Pero en huella política no hay contrastes, como pudiera pensarse. Los dos han trazado un camino que está a la vista de la ciudadanía, y por supuesto de su instituto político, que bien puede vanagloriarse en tener cuadros capaces que los represente en la justa electoral.

El problema que está impidiendo la designación, surge de los grupos, no de la estructura de mando y los documentos básicos del tricolor.

Y esa guerra intestina de PRI contra PRI, de no prevalecer la inteligencia, la cordura, permitiendo que ganen las pasiones y la sed de poder, podría tener un desenlace impredecible en el municipio, como lo atestigua la microhistoria con el “Contrerismo”, en 1958, cuando brotó el encono político, la violencia detestable, y a la hora de las votaciones se derramó la sangre de un ciudadano, Pascual Acuña Gallegos.

En este caso lo que podría suceder, como ya lo ha anticipado uno de los mesones que no acepta a priori, las decisiones que se perfilan, es que el poderío que ostenta busque hacerle un boquete en la línea de flotación a su partido; el que, ciertamente, no interesa para muchos grupos, viéndolo solamente como un instrumento, renegando de las decisiones que éste toma porque no le favorecen, aunque ya hayan sido beneficiarios y protegidos bajo sus siglas, en otros tiempos y jornadas electorales.

Se trata, pues, de la posibilidad de una reyerta, donde predominarían las ambiciones de poder, que, sin duda, lastimarían el tejido partidario, abriendo alternativas para otras organizaciones políticas, cuyos integrantes, en esta hora, se sienten complacidos, porque sin meter las manos les está funcionando el axioma de “divide y vencerás”, que podría abrir las puertas a muchas sorpresas.

Y, una de las principales lecciones que le están dejando a los ciudadanos libres, los que inclinan la balanza del triunfo a la hora de depositar el sufragio en las urnas, es que corrobora y tiene cierto, que los grupos de poder se consideran dueños de la actividad política, y por ende, propietarios de vidas y conciencias, sin sopesar que el mismo pueblo al que desdeñan desde sus cúpulas sagradas, podría darles una lección contundente el 1 de julio.

Le saludo, lector.