Vertiente

Venado, Paskola y wakabaqui, en la Nación Yaqui.- El Sábado de Gloria no cambia para la tribu, que lo observa en sus ritos religiosos como el Día de Resurrección.- Vientos de odio recorren el mundo…

En la Nación Yaqui, la liturgia no cambia. El Sábado de Gloria, sigue siendo para la raza yoreme, en la representación de la pasión y muerte de Cristo, el día en que resucita, “porque es el costumbre”. No aceptan los cambios marcados por la Iglesia Católica, en el sentido de que es hasta el domingo la Resurrección, de acuerdo a la reforma litúrgica de Pío XII en 1951, que se volvió vigente y obligatoria a partir de 1956.

Hubo, el sábado anterior, fiesta grande en los pueblos yaquis. Luego de la incineración de las máscaras, espadas y cuchillos de madera (chomos y cutam), asimismo de la quema del Judas, irrumpió con su relampagueante presencia la Danza del Venado y Paskola, en el atrio de las iglesias. Mientras que al interior de los templos, los matachines ejecutaron sus movimientos cadenciosos y multicolores al ritmo de violines arpas y guitarras. En las ramadas, café, wakabaqui y tortillas de harina. Volvía la luz, volvía la vida.

Concluyó, pues, el periodo de “mandas” para chapayekas, pilatos, cantoras, temastianes, cabos y demás integrantes de “La Costumbre”, quienes, durante cuarenta días (desde el Miércoles de Ceniza), cumplieron la antigua y profunda tradición de la Pasión de Cristo, en los pueblos de Vícam, Pótam, Huírivis, Rahum, Belén, Torim, Loma de Guamúchil, Loma de Bácum, y por supuesto en diferentes rancherías.

Regresa el mando tribal a las autoridades tradicionales, luego de haber estado depositado en la Iglesia durante el devenir de Cuaresma.

Hay renuevo de primavera. El invierno se aleja con su aullido de coyote, por las laderas del Bacatete. Revisten su fronda los mezquites. Pronto sahuaros y pitahayos darán flor y fruto. Una nueva era, renovada y espiritual llega para la Nación Yaqui, la que espera se cumpla la voluntad del Itom Atchai, oteando hacia el cerro azul, por donde nace el sol…

Días convulsionados vive la Humanidad.

Percibe en el aire el olor terrible de la guerra, la que arrasa vidas y poblaciones y que podría dimensionarse a nivel, mundial ante la ceguera de mandatarios, dictadores y emperadores, quienes no han aprendido que en un holocausto nadie puede llamarse triunfador, por más que muestren su poderío nuclear, aunado a su incapacidad para convivir sobre la Tierra…

Hace 49 años, un soñador defensor de los derechos de los negros en Estados Unidos, Martin Luther King, manifestó desde la luz de su palabra, cuando aportaba su esfuerzo en el trazado de una sociedad justa, solidaria y pacífica: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos”, y las balas del odio y del racismo le arrancaron la vida…

Y hoy como ayer, ante los hechos que estremecen a la Humanidad, la ONU guarda silencio, o quizás nunca ha tenido voz…

Le saludo, lector.