Vertiente

¿Campañas de propuestas o de odios?- Creo que el compromiso de los candidatos que vienen, debe centrarse al bienestar de las familias.- De ese núcleo se desprenden todas las aristas de justicia social

El olor a violencia prevalece en el ambiente.

Es síntoma de una enfermedad que preocupa, porque degrada principios, valores y se convierte en problema seco, duro. Piedra que detiene el caudal limpio de sueños legítimos a que el ser humano tiene derecho.

La violencia y sus diferentes rostros, está en todas partes. En los hogares, centros de trabajo, escuelas, calles. En el lenguaje cotidiano de niños y jóvenes, de adultos que fustigan con las palabras, pero también con sus acciones, en la relatoría cotidiana.

Ese fenómeno genera el desprecio a la vida misma y se escucha en la música grupera, en las supuestas comedias de televisión, en los hechos reales de asesinatos con los que se cincela en la conciencia de los seres humanos el paradigma de que la vida carece de valor y se puede perder en cualquier esquina de la luz o las tinieblas, sin que a nadie, o a muy pocos, les importe.

Por eso, atender la raíz del comportamiento humano, sus procesos formativos en el seno del hogar y en la escuela, son indispensables; pero necesariamente propiciando las bases de bienestar laboral con salarios dignos, que generen seguridad e integración en la familia. A partir de ese tipo de acciones, comprometidas y serias, encaminadas a cambios profundos donde prevalezca, por encima de todo, la justicia, se podrán tener los elementos que definan la reconstrucción del seriamente dañado tejido social.

El motivo a rescatar lo representa la familia como célula fundamental de la sociedad. En ese núcleo se concentra el genoma humano y social que debe leerse, interpretarse a fondo; y a partir de las expectativas que arroje, definir el rumbo de los cambios.

Pero si los conductores de la sociedad, sus representantes que aspiran o son ya Gobierno, no atienden con responsabilidad histórica las señales de los tiempos, todo seguirá igual, incluso agravándose por razones naturales de crecimiento distorsionado, dejando que las cosas continúen como son, y bajo esas premisas sigan creciendo saturadas de perversidad.

Viene, para la ciudadanía y para la clase política, una gran oportunidad de enfrentar la realidad social que vive el país, los estados y municipios, representada ésta por los procesos de campaña para relevos de cargos de elección popular.

Esa oportunidad consiste, fundamentalmente, en cambiar la violencia con que revisten sus recorridos, mítines y propaganda los candidatos, por propuestas. Porque si persisten en métodos agresivos y fustigantes, estarán arrojando combustible a las conciencias saturadas de rencor de la gente, donde prevalecerá el hartazgo, ante la oferta de más violencia.

Pero también, la sociedad tendrá la alternativa en los citados procesos electorales, de marcar el rumbo. De exigir no lo imposible sino lo estricto. Es decir, que se atienda no solamente los aspectos generales y dispersos de todo conglomerado humano, sino primordialmente las grandes necesidades de la familia, para que no se desintegre o se le ofrezca la alternativa de la reintegración.

Que puedan, a través de los compromisos que asuman quienes aspiran a ser Gobierno, construir horizontes seguros para los hijos en sus necesidades materiales, educación, deporte, cultura, recreación, vivienda, lo que daría pie a la conformación de familias sanas, satisfechas, emprendedoras, dispuestas a aportar lo mejor de sí mismas en el desarrollo de sus comunidades, sin sufrir el saqueo exagerado de impuestos, costos de bienes y servicios, y lo más grave, abandono social.

Creo firmemente que en Cajeme, esa debería ser la exigencia de hombres, mujeres y jóvenes en edad de votar, dirigida hacia sus futuros candidatos: pidiéndoles no la siembra de violencia verbal contra oponentes, de la que están hartos y les ha hecho tanto daño en todas sus manifestaciones, sino atendiendo el bienestar de la familia, porque de ahí se desprenden todas las aristas para forjar una nueva sociedad.

El compromiso, desde ahora, de quienes aspiran a llevar las riendas del Municipio en el trienio 2018-2021, es decir Denisse Navarro, Kiki Díaz Brown, Anabel Acosta, Nydia Rascón, Rosa Lilia Torres, Abel Murrieta, Emeterio Ochoa, Andrés Salas, Omar Guillén, Armando Alcalá, Sergio Mariscal, Rafael Delgadillo, Gustavo Almada, Rodrigo Bours, Rosendo Arrayales, Mario Zamudio, Omar Serna, Fausto Flores, tendría que crecer bajo premisas tan señeras, como la establecidas en el artículo 123 del Texto Constitucional.

Le saludo, lector.