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10 yaquis en París

Los grupos étnicos siguen creando su futuro en la actualidad, luchando por mantener sus tradiciones, adaptándolas y fusionándolas a los nuevos cambios de la posmodernidad.

Ellos tienen un sentido cósmico de la visión del hombre y del mundo que remite a sus antiguas prácticas que expresan su relación con la naturaleza y los animales en cada una de sus manifestaciones culturales actuales. Cada hombre es un momento de síntesis viva y total de la historia del cosmos y de todos los hombres que le precedieron, y perdurará, en consecuencia, en todos los hombres futuros.[1] Ésta visión que tienen de ver al hombre y al mundo fue expuesta en otra ciudad, otro país, otro continente y otra cultura. Esta exposición nos muestra una realidad que vivieron 10 yaquis cuando viajaron de sus pueblos tradicionales a una ciudad de primer mundo como lo es París, mostrándonos dos expresiones culturales totalmente distintas, con la que se encontraron tanto los diez miembros de la etnia yaqui como los habitantes de la gran ciudad de las luces.

La convivencia de estas dos culturas  diametralmente opuestas en tiempo y espacio surgen como propuestas de intercambio y conocimiento que aprovecharon cada una en su proceso cotidiano y que incorporarán en su desarrollo cultural; una considerando la diversidad de los pueblos indígenas en el mundo, y la otra haciendo alarde  de la nula existencia de una definición oficial de“indígena”. Pero sí demostrando todos los elementos o interpretación moderna  que los identifican como indígenas: Libre-identificación como integrante de un pueblo indígena a nivel personal y aceptado por la comunidad, continuidad histórica como sociedades precoloniales, fuerte vínculo con el territorio y los recursos naturales circundantes,idioma, cultura y creencias diferenciados, decisiónen  conservar y reproducir sus formas de vida y sistemas ancestrales por ser pueblos y comunidades distintos diferentes de otras culturas.

La experiencia que les dejó a estos diez yaquis salir de su comunidad, viajar y adaptarse a la alimentación e idioma como parte de esas circunstancias de modernidad de otra cultura, les proporcionó la enseñanza y el hábito de comprender que la hora de la ciudad es diferente a la hora de la comunidad, comentario realizado en su conjunto por todos los asistentes al viaje, una  vez estando de regreso en su comunidad.

[1]Batalla, Bonfil (1980), Historia ¿Para qué? P,240