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Día de muertos entre los yaquis

 

Es una fiesta de carácter de la vida cotidiana donde participa la comunidad en general, esta celebración se apoya en la estructura de la teocracia, siendo una forma de Gobierno en la que Dios, por medio de sacerdotes, es el soberano; aquí todo acto social y civil se hace religioso, porque involucra la participación de autoridades religiosas y los integrantes de las familias; recayendo en ambos la obligación de la organización y administración de la fiesta y ven a la religión como un sistema completo que rige su vida; se interesan más por el bienestar espiritual de los gobernados que por el bienestar físico y material de los mismos.
Así, tenemos que para la celebración del Día de los Fieles Difuntos casi de manera simultánea se lleva a cabo en los ocho pueblos yaquis como son Vícam Pueblo, Pótam, Ráhum, Huírivis, Belem, Tórim, Bácum y Cócorit.

La víspera
A partir del 30 de septiembre por la tarde, frente a la Cruz mayor, localizada frente a la Iglesia, se desarrolla la velación, previa para exhibir el cráneo, éste perteneció a un cura del cual se dice murió durante una persecución religiosa, y es quién fungirá como guía de los difuntos niños y adultos, actualmente este cráneo sólo lo conservan las iglesias de Pótam, Ráhum y Belem, el resto de ellas no cuentan con él; no siendo impedimento el que no tengan el cráneo para realizar la procesión y la vigilia cada lunes de octubre en los ocho pueblos.
El maestro de iglesia mayor (realiza las funciones similares a las de un cura) es el encargado de colocar todos los años el cráneo sobre una mesa cubierta con un mantel de tela color negro y sobrepuesto otro mantel pequeño que tiene representada una cruz blanca o de color morado del mismo material que el mantel (denominado en su conjunto pontal). Instalado el altar comienzan a sonar las campanas en señal de luto y el cráneo que representa al difunto del pueblo, quien a su vez se hace acompañar de maestros de la Iglesia y cantoras (ambas personas de la comunidad con cargos religiosos de por vida), ahí es depositado sobre el altar el libro de las ánimas (sólo lo tendrá el hermano o hermana mayor que esté casado por la iglesia y ahí están anotados todos los familiares y amigos de la familia).
En el resto de los pueblos que no cuentan con el cráneo que representa al difunto, sólo se colocan los libros sobre el altar que saldrá a la procesión, al igual que en los pueblos que si lo tienen acompañados de una cruz con Jesús crucificado cubierto por una tela negra en señal de luto. En este momento la participación del gobernador como las demás autoridades tradicionales es fundamental: ellos se encargan de cargar la mesa que representa el altar y salen por la puerta principal de la Iglesia, donde realizan el primer rezo y continúan haciendo una procesión  alrededor de la iglesia y rezando en cada una de las cruces recorridas, mientras los familiares de quienes colocaron su libro y de las autoridades, llevan consigo velas para recibir a las ánimas y alumbrarles el camino.
La procesión (conti) se realiza hasta la Cruz Mayor de la iglesia donde se efectúa el segundo rezo y después doblan a la izquierda, donde hacen tres paradas más; son cinco paradas, cada una representa los cinco misterios, y en cada uno cantan “ánimas de pena, rompe las cadenas”. Al concluir cada rezo se truenan tres cohetes en forma espaciada y suenan las campanas. Cuando el conti regresa a la iglesia se realiza otro rezo; siempre se bendice al frente de la mesa o altar en cada rezo, tanto los libros como el cráneo y la imagen religiosa, así como el incensario, vuelven a rezar  concluyendo con el “Bendito alabado”.

Las ofrendas a los niños y párvulos
En la Tribu Yaqui el mes de octubre está dedicado a los niños y parvulitos (éstos últimos son todas aquellas personas, hombres o mujeres, que se murieron al nacer, niños o jóvenes y adultos  que no se casaron por la Iglesia) y la ceremonia dedicada a ellos consiste en colocar el primero de octubre la ofrenda, consistente en  alimentos que ellos consumían sobre el tapanco y avisar con cohetes para que el difunto --o difuntos-- bajen, desde el momento que se coloca el primer alimento que representa el de un día comenzando con el desayuno, comida y cena.
Cuando las autoridades religiosas llegan a la casa de una familia que colocó su tapanco reza una oración para dar la bienvenida a los angelitos que vienen llegando, y a partir de ese instante se visitará cada una de las casas que soliciten a los maestros y cantoras. Al llegar a la casa, la comida tendrá que bendecirse entre rezo y rezo con agua bendita y se tirarán tres cohetes en tres ocasiones, al tiempo que se van nombrando los niños y parvulitos fallecidos y el rezo tardará tanto como nombres haya anotados en el libro de las ánimas benditas de cada familia. Esta celebración a los angelitos y parvulitos poco a poco se realiza menos, por el alto costo de los alimentos que se colocan en el tapanco en dos fechas diferentes en tan corto tiempo, a lo que la comunidad ha ido asumiendo la celebración el primero y dos de noviembre para colocar su ofrenda junto a niños, parvulitos y adultos.

Recibimiento de las ánimas de los adultos
Para el último lunes de octubre, los libros que fueron colocados en la iglesia, deberán ser recogidos por el familiar que lo llevó a la iglesia  para que a su vez, ellos mismos depositarlos al siguiente día en el tapanco familiar dedicado a los adultos, el cual deberá estar listo para el primero de noviembre; este día se coloca la mesita (tapanco) que se utiliza para las ofrendas a los difuntos. Las mujeres previamente elaboran las coronas con flores de papel o las adquieren en los comercios locales, en tanto los hombres tienen la responsabilidad de cortar el material con el que se va a elaborar la mesita, que consiste en cuatro horquetas de mezquite, mismas que serán colocadas dentro del patio de la casa frente a la cruz de mezquite; todas las casas yaquis cuentan con ella.
Por otra parte, se cortan varejones de batamote o carrizos, en ambos casos sujetos por ixtle o piola delgada, para formar por último, la parte de arriba de la mesa o tapete (tapesti), misma que será puesta sobre las horquetas. Listo el tapanco se cubre con un mantel y sobre éste un vaso con agua, luego una vela que representa la luz de los muertos, se agrega café, pan y cigarros a manera de desayuno. Seguido de pinole de trigo, de maíz, de semilla de sandía, de semilla de echo (fruto) y de garbanzo. Todos los pinoles se colocan en plato de barro y sobre éste un piloncillo; por último, se añaden galletas y dulces.
Para mediodía, se incorpora el tradicional wakabaki, carne con chile, atole de semillas de quelite o bledo, gallina pinta con chichiquelite, pozole de trigo, tamales de masa obscura, manzanas, cacahuates, dulce de calabaza, ate, champurro, capirotada, pescado, machaca, así como tequila, refrescos y toda la comida que la familia acostumbra adquirir o preparar que además era la preferida de sus difuntos.
Es importante señalar que los alimentos serán colocados en platos y vasos de barro, consideran objetos ceremoniales (que a decir verdad, esto ha cambiado mucho y en 30 años y ahora colocan platos de hielo seco).

Cuando el tapanco se encuentra listo, el jefe de familia se encarga de tronar tres cohetes para anunciar que en la casa se terminó de colocar la ofrenda y sólo esperar la llegada de los maestros de la iglesia y las cantoras, quienes se dirigen a la casa, y ahí elevan sus oraciones, al tiempo que bendicen los alimentos y van nombrando a cada uno de los difuntos haciéndose acompañar de cantos y alabanzas pidiendo a Dios, dé permiso a los difuntos para la visita y les ayude a regresar con bien. Al concluir los rezos familiares, agradecen al maestro de la iglesia y a las cantoras expresándoles: “si Dios me presta vida, regresen el año venidero a rezarle a mis difuntos”. Vuelven a tronar tres cohetes como señal de que han cumplido, mientras los rezadores recogen la ofrenda de alimentos depositada sobre la mesita o tapanco, como un agradecimiento por el rezo.

Responsos
Este rezo en particular se lleva a cabo en los días posteriores de la celebración de difuntos y no necesariamente el día primero o dos de noviembre; incluso puede realizarse cualquier otro día, cuando se encuentren menos ocupados los maestros y las cantoras. Por lo regular se hace a los difuntos que sus familiares no tuvieron dinero para colocar un tapanco en su casa, y este rezo se realiza en el panteón. Cuando se realiza, las autoridades religiosas “conservan la actitud de la víspera” y leyendo el libro de responsos, que es una oración con carácter de regalo de los familiares hacia el difunto, cuya duración puede ser de 20 minutos aproximadamente.

En los panteones
Las mujeres son quienes se encargan de alisar la tierra que cubre la fosa y de indicar a los hijos quiénes están sepultados en cada espacio, porque en la mayoría de los casos las tumbas no tienen nombres; también de elaborar las coronas con flores de papel, o adquirirlas en las tiendas localizadas en Vícam, que serán llevadas a las sepulturas acicaladas. El panteón en los pueblos yaquis, es común encontrarlo frente a la Iglesia, con anterioridad además de colocar flores ninguna en particular. Se hacen acompañar de ollas de barro con agua, comida en platos de barro y velas, así como fruta de la temporada, esto suele hacerse cuando en la casa no haya sido colocada la ofrenda.