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=6 Mirar para encontrar

Igual a seis.

Colaboración especial de Carlos Sánchez

Como en la literatura. En esa plaza y bajo ese árbol. Con ese libro.

La lectura en la mirada y la búsqueda de respuestas. Leemos para acompañarnos, para no estar solos. Leemos para encontrar. Miramos para encontrar.

Mirar la danza tiene sus riesgos. Los asumo. Y me asomo cada vez a Un Desierto para la Danza con el deseo de encontrar. De que las propuestas sobre el escenario me generen preguntas. Para no dejar que la mente me lleve a temas que me hostigan. Como el tema de la violencia, por ejemplo.

Inevitable este acontecimiento permanente que me subyuga. La violencia.

Inevitable porque apenas asomar los ojos sobre los bailarines y a la rutina presente. Y el viaje, la lectura de lo que uno observa como arte, es a partir de las obsesiones, la formación, la infancia siempre presente.

Entonces allí el hostigamiento, el acoso, la convocatoria para hacerme la introspección, el sonsonete de aquellas palabras machacando el rumbo hacia la excelencia como persona, lo que luego supe nunca quise ser.

La pulcritud en el vestuario, la insistencia en la construcción del movimiento acorde, el ensamble perfecto, los zapatos nuevos. Esa gota de agua en la piedra que de tanto tiempo acaba por perforar.

Así mi historia ante =6. Sumergido en el dejarme llevar, en el querer encontrar, la necesidad angustiante de siempre intentar entender, no, más bien siempre intentar sentir.

Estuve allí, esperando la sorpresa, el golpe de música que como un baldazo de agua me encendiera los sentidos. Estuve allí mirando cómo un zancudo o dos o tres de pronto también construían una coreografía. La repetición me llevó al letargo, a entender y saber que las rutinas estarán presentes por siempre en la vida.

La rutina: acontecimiento inevitable que tantas veces me ha provocado mirarme los botones de la camisa. Anoche me ocurrió de nuevo.

=6 me trasladó otra vez a la búsqueda de pulcritud, a la insistencia de ese discurso social: “Hágalo bien, déjese ahí, no se dé por vencido, persevera y verás, la gente de bien, inténtalo de nuevo, inténtalo de nuevo. Ya me aprendí las tablas de multiplicar. Me salen de corridito y de memoria”.

Hoy desperté pensando en que anoche hubo danza. Y que en mis sueños de ojos abiertos pude ver a un grupo de muchachos vestidos de pingüinos intentando provocar, queriendo ser la ruptura de una coreografía repetitiva en la cual los bailarines ejercieron con zapatos nuevos.

No sé por qué al salir del teatro en mi mente me rondó constante esta frase: “La mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.